Nosotros, los tres muchachos,
siempre estábamos juntos, y así había sido desde la cuna,
habiéndonos tomado estimación desde el principio, Este afecto se
profundizó conforme pasaron los años – Nikolas Bauman, hijo del
juez principal en el juzgado de la localidad; Seppi Wohlmeyer, hijo
del hostelero que atendía el “Venado de Oro”, que tenía un
bonito jardín, con arboles que daban una espléndida sombra que
llegaban hasta la orilla del río, y botes de renta para el paseo; y
yo era el tercero-- Theodor Fischer, hijo del organista de la
iglesia, que también era el líder de los músicos del pueblo,
maestro de violín, compositor, recolector de impuestos de la
comunidad, sacristán, y un ciudadano cabal y útil en muchas guisas,
respetado por todos por añadidura. Conocíamos los cerros y los
bosques tan bien como los conocían los pájaros; pues siempre
andábamos explorando cuando teníamos tiempo libre-- Por lo menos,
cuando no era que estábamos nadando o paseando en bote o pescando, o
jugando en el hielo o deslizándonos cuesta abajo en la nieve.
Además teníamos para disponer a
nuestras anchas el parque del castillo, y pocos se podían jactar de
eso. La razón para ello estaba en que eramos los consentidos del mas
anciano sirviente del Castillo, el señor Felix Brandt; y seguido íbamos ahí de noche para escucharlo hablar de los viejos tiempos y
de extraños acontecimientos, y fumar con él (el nos enseño) y
tomar café; pues el había estado en las guerras, estando presente
en el Sitio de Viena; y fue ahí, cuando fueron derrotados los turcos
y expulsados de tierras austriacas, que Se encontraron entre otros
trofeos de guerra, sacos de café, y los prisioneros turcos
explicaron sus características y la forma de prepararlo para hacer
una deliciosa infusión con el producto, y ahora siempre tenía el
café junto de él, y además para asombrar y sorprender a los
ignorantes con su sabor. Cuando había tormentas, nos daba
alojamiento toda la noche; y mientras relampagueaba y tronaba allá
afuera nos hablaba de los fantasmas y horrores de todo tipo, y de
batallas y asesinatos y mutilaciones, y cosas semejantes, y nos
mantenía cómodos en su presencia; nos relataba todas estas cosas
desde su propia experiencia en su mayor parte. Había visto muchos
fantasmas en su tiempo, y brujas y hechiceros, y una vez, perdido en
las montañas durante una tormenta, a la luz de los relámpagos había
visto al Cazador salvaje erguirse en el estruendo con sus espectrales
perros de caza persiguiéndole a través del fragor de la lluvia.
Además vio una vez a un incubo , y varias veces había observado al
gran vampiro que chupaba la sangre de los cuellos de sus víctimas
mientras dormían, aleteando el aire suavemente para mantenerlos
adormilados hasta que morían.
El nos conminaba a no tenerle miedo a
las cosas supernaturales, tales como los fantasmas, y nos aseguraba
que no hacían el menor daño, que solo vagaban pues estaban
angustiados y solitarios y querían un poco de atención y compasión;
Con el tiempo, aprendimos a no tener miedo e incluso bajamos una
noche al cuarto embrujado dentro de las mazmorras del castillo. El
fantasma solo apareció una vez, se nos cruzó etéreo a nuestra
vista, flotando por el aire sin hacer el menor ruido para después
desaparecer; y nosotros apenas si temblamos un poco, por lo bien
asimiladas nuestras lecciones. nos decía que el fantasma a veces
subía a donde él se encontraba en el castillo y lo despertaba
rozando su cara con su fría mano, pero esto no le causaba ningún
daño; Solo quería un poco de simpatía y atención. Pero la cosa
mas extraña era que él había visto ángeles –ángeles de a
de-veras, venidos del cielo– y había hablado con ellos. No tenían
alas, y estaban vestidos, y hablaban y actuaban como una persona
normal, y nunca sabrías distinguirlos excepto por las cosas
maravillosas que hacían que un simple mortal jamás podría
realizar. y nos platicaba que eran agradables y alegres, no oscuros y
tristes, como los fantasmas.
Fue después de una platica como esta
una noche de mayo que nos levantamos a la mañana siguiente y
desayunamos con él que bajamos del castillo, cruzamos el puente y
nos fuimos al campo a la izquierda a un lomerío cubierto de árboles
que era uno de nuestros lugares favoritos, Y aquí nos tendíamos en
el pasto a la sombra a descansar y fumar y hablar de estas extrañas
cosas, que se nos habían quedado grabadas. Pero ese día no fumamos
pues se nos había olvidado traer el pedernal y e hierro.
al poco tiempo, se nos acercó un joven
que andaba paseando, y se sentó y comenzó a charlar tranquilamente
como si nos conociera. Pero no le respondimos, Pues era un
desconocido y no estábamos acostumbrados a gente desconocida y les
rehuíamos. Traía puesta buena ropa, y era bien parecido, tenía una
sonrisa placentera y voz bien templada, tenía modales fáciles, no
se apenaba, nada tenía de desaliñado ni de encorvado como otros
niños. Queríamos ser amigables pero no sabíamos como comenzar.
Entonces pensé en la pipa, y me pregunté si lo tomaría a bien
ofrecerle una fumada, Entonces recordé que no teníamos fuego, así
que me eso me apenó un poco. Pero el volteó con una gran sonrisa, y
dijo:
“¿Lumbre? Eso es fácil; Yo tengo.”
Me quedé tan atónito que no pude
articular palabra; pues no había dicho nada. Tomó la pipa, sopló
en la cazuela, y al instante el tabaco brilló rojo.. las espirales
de humo azul se elevaron. Nosotros pegamos un brinco y nos echamos a
correr, aunque el desconocido nos suplicaba quedarnos, dándonos su
palabra de que no nos haría daño, que solo quería hacer amigos y
tener compañía. Así que nos detuvimos, queríamos volver, llenos
de curiosidad y asombro, pero con miedo a dar el primer paso. Él
continuó persuasivo, en su suave y persistente voz, y cuando
vimos que la pipa no explotó y que nada pasaba, regresó nuestra
confianza poco a poco, y en su momento la curiosidad fue mas fuerte
que el miedo y regresamos –lentamente, y dispuestos a correr a la
menor alarma. él estaba empeñado en tranquilizarnos, y tenía los
modos adecuados para ello; uno no se podía mantener timorato y
titubeante donde el otro era tan entusiasta y sencillo y gentil,
hablando tan seductoramente como él lo hacía. se ganó nuestra
confianza, y no pasó mucho tiempo antes de que estuviéramos
contentos, parlanchines, y felices de haber encontrado a este nuevo
amigo. cuando la sensación de extraña novedad se había disuelto le
preguntamos como era que había aprendido a hacer algo tan prodigioso
y nos respondió que no lo había aprendido, que era algo que él
naturalmente podía hacer como otras cosas.
“¿Otras cosas?”
“muchas; no se cuantas.”
“¿Y nos dejarás ver como las
haces?”
“¡Si—Por favor!” dijeron los
otros.
“¿Y no huirán de vuelta?”
“No—juramos que no, ¿por favor
harás una suerte?”
“Si, con gusto; pero no olviden su
promesa eh?”
Así lo volvimos a decir, y entonces el
fue a un charco y regresó con un cono hecho de una hoja lleno de
agua, sopló dentro del cono y aventó el contenido que se había
convertido en hielo con la forma del cono. quedamos asombrados y
encantados, pero ya no teníamos miedo; estábamos felices de estar
ahí, y le pedimos que hiciera mas suertes. y él nos dio gusto. Nos
dijo que nos daría cualquier tipo de fruta que nos gustara, estuviera
o no en temporada. todos hablamos de inmediato;
“¡Naranja!”
“¡Manzana!”
¡Uvas!”
“Están en sus bolsillos,” nos
respondió, y era cierto. Y eran de las mejores y nos las comimos y
deseamos tener mas, aunque ninguno se atrevió a decirlo.
“Hay mas fruta donde encontraron
estas,” aseguró, “Y todo lo que su apetito pida; y no necesitan
pedirlo en voz alta; mientras estén conmigo solo tienen que desearlo
y lo encontrarán.”
Lo que dijo era cierto. Nunca se había
visto algo tan maravilloso e interesante. Pan, pasteles, dulces,
nueces –Lo que uno quisiera, aparecía en nuestros bolsillos. El no
comía nada, se sentaba con nosotros y platicaba, y nos mostraba
trucos para divertirnos. moldeó una ardilla de juguete con arcilla,
y esta corrió trepando a una rama encima de nosotros y se puso a
ladrar. Luego moldeó un perro no mas grande que un ratón y se
fue a perseguir a la ardilla y rodeaba el árbol y estaba tan vivo
como cualquier otro perro. Asustó a la ardilla y la perseguía de
árbol en árbol y la persiguió hasta que ambos se perdieron en el
bosque. moldeó pájaros de barro y los dejó libres, y estos se
alejaron volando y cantando.
Finalmente tomé valor y le pregunté
quién era el.
“Un ángel,” respondió llanamente,
y soltó otro pájaro, aplaudió y lo hizo volar.
Quedamos como asombrados cuando le
escuchamos decir eso, y nos entró miedo una vez mas; Pero nos aclaró
que no había necesidad de que le tuviéramos miedo a un ángel, y
que de todas maneras le caíamos bien. Y siguió charlando en su
estilo natural y sin aires de importancia como venía haciéndolo
desde el principio; Y mientras hablaba confeccionó una pequeña
muchedumbre de pequeños hombres y mujeres del tamaño de tu dedo, y
estos se pusieron a trabajar y allanaron un espacio de
aproximadamente dos yardas por lado en el pasto y comenzaron a
construir un castillo de diseño ingenioso, las mujeres hacían la
mezcla del mortero y lo cargaban a los andamios en cubetas que
llevaban en la cabeza, de la misma manera que nuestras trabajadoras
lo han hecho toda la vida, y los hombres tirando plomada y colocando
ladrillos –quinientos era el número de estos trabajadores de
juguete que se movían como hormigas, trabajando con gran empeño y
limpiándose el sudor de sus caras de la forma mas natural. En el
absorto interés de mirar a estas quinientas personas miniatura
elevar su castillo, paso a paso y corredor tras corredor, tomar forma
y simetría, esa sensación sobrecogida y de asombro pasó y volvimos
sentirnos cómodos y a nuestras anchas. Preguntamos si nos era
posible confeccionar algunas figuras y el nos respondió que sí. y le
pidió ayuda a Seppi en modelar unos cañones para las murallas, Y le
pidió a Nikolaus confeccionar unos alabarderos, con armadura
pectoral y rodilleras y cascos, y a mi me tocó amasar a la
caballería, sus caballos, y mientras iba distribuyendo las tareas
que nos tocaba realizar nos llamaba por nuestros nombres, mas no dijo
como era que se los sabía. Entonces Seppi le preguntó cual era su
nombre, y el respondió tranquilamente, “Satán,” mientras
extendía una pequeña tabla y atrapaba a una mujer que estaba a
punto de caer del andamiaje y la regresó a su lugar original y dijo,
“Esta es una idiota, miren como retrocedió sin darse cuenta del
peligro.”
Nos tomó por sorpresa, ese nombre, y
nuestros modelos se nos cayeron de la mano y se rompieron en el suelo
–un cañón, un alabardero y un caballo. Satán se carcajeó y nos
preguntó que que nos pasaba. Yo respondí, “Nada, solo que parece
ser un nombre extraño para un ángel.” el me preguntó por qué.
“Pues porque es... Bueno, es su
nombre, ¿sabes?”
“Seguro, --Él es mi tío.”
Lo dijo sereno, pero nos quitó el
aliento por un momento y podíamos sentir nuestro pulso en la
garganta. El no dio señas de percatarse de esto, en cambio, se puso
a reparar a los alabarderos y las otras cosas con su toque,
entregándolos en nuestras manos ya terminados, y habló, “¿No se
acuerdan? --El también fue un ángel en su momento.”
“Es cierto,” dijo Seppi; “No
había pensado en eso.”
Antes de la caída era salvo de culpa.”
“Si,” terció Nikolaus, “estaba
libre de pecado”
“Es una buena familia, --la nuestra”,
aseguró Satán; “no la hay mejor. El es el único que ha pecado.”
no creo poder hacer comprender a
ninguno lo emocionante que todo esto resultaba. Saben, esa especie de
estremecimiento que cimbra cuando se ve algo tan extraño y
encantador y maravilloso que es simplemente una alegría cubierta de
vértigo el estar vivo y mirarla; Y saber como la mirada se clava y
los labios se secan y falta el aliento, Pero no estarían en ninguna
otra parte, por nada en el mundo. Yo tenía una pregunta atravesada
–La tenía en la punta de la lengua, casi no me podía contener el
hacerla –Pero me daba vergüenza expresarla; Podía ser tomada a
grosería. Satán puso un buey que estaba modelando en el suelo,
sonrió y me dijo:
“No sería una grosería, y la
perdonaría de serlo. ¿Que si lo he visto? Millones de veces. Desde
que era un niño de mil años de edad yo era su segundo mas
consentido en la guardería de los ángeles de nuestra sangre y
linaje -Para usar términos humanos-- Si, desde entonces hasta la
caída, ocho mil años, medidos, como ustedes cuentan el tiempo.”
“¡Ocho mil!”
“Si.” y se volteó a ver a Seppi y
prosiguió como si estuviera dando respuesta a algo que estaba en la
mente de Seppi: “Claro que es natural que tenga apariencia de
niño,pues eso es lo que soy. Entre nosotros lo que ustedes llaman
'tiempo' es una cosa muy amplia; toma un largo trecho para que un
ángel llegue a adulto.” Yo tenía otra pregunta en mente y se
volteó conmigo y la respondió, “tengo dieciseis mil años de edad
–contados en su tiempo.” y se volteó a ver a Nikolaus y
respondió: “No, la caída no me afectó a mi ni al resto de los
parientes. Solo es que fui nombrado por quién probó la fruta del
árbol y entonces sedujo al hombre y a la mujer con ella. Nosotros
aún somos ignorantes de pecado; somos incapaces de cometerlo; no
tenemos mancha, y permaneceremos en ese estado para siempre. Nosotros
--” Dos de los pequeños trabajadores estaban riñendo, y en sus
pequeñas voces como de zumbido de abejorro se insultaban e
imprecaban; y pasaron a los golpes y hubo sangre; acto seguido se
trenzaron en una lucha a muerte. Satán extendió la mano, los
aplastó entre los dedos extinguiendo su vida, los arrojó lejos, se
limpió el rojo de los dedos en su pañuelo y retomó el hilo de la
conversación: “No podemos hacer el mal; tampoco tenemos ninguna
disposición a hacerlo, Pues no tenemos conocimiento del mal.”
Este parecía un extraño discurso
dadas las circunstancias, Pero apenas si nos dimos cuenta de lo que
decía, estando conmocionados y llenos de dolor por los crueles
asesinatos que acabábamos de presenciar –Pues de asesinato se
trataba, con todas sus letras, sin paliativo ni excusa posible, Pues
los hombres no lo habían insultado o deseado daño de ninguna forma.
Nos sentíamos de lo mas miserable pues le amábamos, y habíamos
pensado que era noble y tan hermoso y grácil, y habíamos creído
sinceramente que era un ángel; y verlo cometer acto tan cruel –Ay,
lo rebajaba de tal manera, y nos habíamos enorgullecido tanto de él.
El continuó hablando como si nada hubiese pasado, platicándo de
sus viajes, y las cosas interesantes que había visto en los grandes
planetas de nuestro sistema solar y de otros sistemas solares en la
profundidad del espacio, y de las costumbres de los inmortales que
los habitan, de algún modo seduciendo y encantándonos a pesar de
la triste escena que se desarrollaba frente a nuestros ojos, pues las
esposas de los pequeños hombres muertos habían encontrado sus
cuerpos aplastados y deformes y lloraban ante ellos, lamentándose y
sollozando, y un sacerdote estaba ahí arrodillado con sus manos
cruzadas en el pecho, rezando; y la multitud y el gentío de los
amigos dolientes que se arremolinaban a su alrededor, se quitaban el
sombrero respetuosamente, y con su cabeza descubierta se inclinaban,
y a muchos les corrían las lágrimas –Una escena a la que Satán
no prestaba la menor atención hasta que el pequeño ruido de los
llantos y los rezos le molestó, desprendió el tablón de nuestro
columpio y blandiéndolo lo dejó caer aplastando a todas esas
personas en la tierra como si hubiesen sido moscas, y siguió
hablando sin inmutarse. Un ángel, y ¡Matar un sacerdote! Un angel
que no sabía como hacer el mal, ¡Y aun así capaz de destruir a
cientos de pobres hombres y mujeres inocentes! Nos enfermaba el haber
visto ese atroz hecho, y pensando que ninguna de esas criaturas había
estado preparada mas que el sacerdote, pues ninguno había ido a misa
o visto una iglesia. Y eramos testigos; habíamos visto esa matanza y
era nuestro deber denunciarlo, y dejar que la ley tomara su curso.
Pero el continuó hablando todo el
tiempo, y comenzó a dejar caer su encanto especial sobre de nosotros
con la fatal música de su voz. Nos hizo olvidar todo lo sucedido;
Solo podíamos escucharlo, y quererlo, y ser sus esclavos, para hacer
de nosotros lo que él quisiera. nos emborrachaba con la felicidad de
su compañía, y de poder ver el cielo en sus ojos, y sentir el
éxtasis que vibraba en nuestras venas por el simple toque de su mano.







